Estas son las reglas que gobiernan cada dato que se mueve dentro de FlujoMed ID. No son promesas de política de privacidad: son decisiones de arquitectura — lo que el sistema no puede hacer, no lo que promete no hacer.
Tres capas de un mismo motor. Cada una se otorga por separado, se revoca por separado y queda registrada con fecha y acción del ciudadano.
La puerta de entrada. La persona acepta cada relación con cada consultorio desde su cuenta. Sin vínculo, ese consultorio no aporta nada a su historia — y revocarlo la cierra, con auditoría, sin destruir nada.
Qué ve cada médico: el odontólogo ve alergias y medicación, no el expediente psiquiátrico. Cada permiso se activa y desactiva por separado, con vencimiento opcional.
Permite que un médico comparta con un colega para una segunda opinión. Por defecto, el ciudadano aprueba caso por caso; puede darle confianza permanente a su médico — y quitársela.
Compartir planificado entre colegas, iniciado por quien ya tiene acceso legítimo. Distinto — y deliberadamente separado — del acceso de emergencia.
Marca con checks las secciones de su propio expediente. Solo puede ofrecer lo que él mismo ve — el aislamiento entre profesionales no se rompe ni aquí.
Recibe la solicitud: «El Dr. A quiere compartir estas secciones con el Dr. Y para una segunda opinión». Un toque. La solicitud vence a las 72 horas si no responde.
Buzón interno si el colega usa FlujoMed; correo con enlace de un solo uso si no. El enlace vence, registra quién lo abrió y se puede anular. El PDF existe como acción explícita y registrada del médico tratante — nunca como adjunto por defecto.
Quién compartió, qué secciones, quién lo abrió y cuándo. El ciudadano lo lee en «Mi actividad».
El estándar IPS distingue «ausencia conocida» — una afirmación clínica — de «sin información». Cuando el ciudadano no comparte una sección, el sistema jamás la rellena con una negación. Parece un detalle; es la diferencia entre un documento honesto y uno que puede matar.
La paciente toma sertralina, pero no compartió su sección de salud mental. Afirmar «sin medicación» es fabricar un dato clínico falso con apariencia oficial — el médico receta encima de una interacción que no ve.
El médico sabe lo que ve y sabe que no lo ve todo. Puede preguntarle a la paciente. La honestidad del documento protege a los dos.
El cumplimiento no se descubre después de construir: se diseña antes. Cuatro frentes, con el mismo rigor que aplicamos a los derechos de autor de cada instrumento clínico de la plataforma.
La Ley del Ejercicio de la Medicina y el Código de Deontología Médica hacen del deber de confidencialidad la base del ejercicio profesional, y de la historia clínica un registro que se conserva. Por eso en FlujoMed nada se destruye: se cierra y se abre con auditoría, protegiendo al paciente y al profesional.
Cada vínculo, permiso, interconsulta y revocación queda registrado con fecha y acción del ciudadano. Ante un regulador o un juez, el consentimiento no se argumenta: se muestra.
La notificación al sistema nacional de salud corre sobre la CIE. La capa estadística de FlujoMed nace alineada a ese vocabulario y a los formatos oficiales — reportes agregados para la autoridad sanitaria, nunca historias individuales.
El acceso de emergencia, los reportes a la autoridad sanitaria y el contrato con cada profesional pasan por revisión de abogado antes de existir en producción. Donde la norma no llega, el estándar lo definimos nosotros — y eso es responsabilidad, no libertad.
Dos fronteras que no dependen de la buena conducta de nadie, porque están en la arquitectura.
Los campos que registran qué profesional escribió, anuló o confirmó cada dato — registrado_por, derogado_por, confirmado_por — se guardan siempre y no viajan jamás en una respuesta del sistema. Un médico nunca ve el nombre de un colega en el expediente compartido: ese es el aislamiento que protege a la vez al paciente y a los profesionales.
Ningún reporte se arma consultando los expedientes identificados. Un proceso propio produce agregados desidentificados en un almacén separado, con umbral mínimo por cifra publicada — porque «mujer, 34 años, Valencia, diagnóstico X» puede ser una sola persona. El tablero de la autoridad sanitaria solo ve ese almacén.